Medellín — Colombia está discutiendo una opción que antes parecía de película: la energía nuclear. Presionado por la falta de lluvias y la necesidad de buscar alternativas al petróleo y al carbón, el Gobierno nacional comenzó a evaluar formalmente si el país puede utilizar reactores nucleares en el futuro para evitar apagones.
El debate sube de tono cada vez que el Fenómeno de El Niño seca los embalses, dividiendo al país entre quienes ven una solución definitiva y quienes temen por los costos y los riesgos.
1. El agua ya no da abasto contra las sequías
Colombia depende muchísimo del agua: casi el 70% de nuestra luz viene de las hidroeléctricas. El problema es que con El Niño no llueve, los embalses se vacían y el riesgo de un racionamiento se vuelve real. Los defensores de la energía nuclear dicen que un reactor es la solución porque genera energía constante las 24 horas, sin importar el clima. La propuesta actual no es hacer una planta gigante, sino reactores modulares pequeños (SMR), que son más rápidos y fáciles de armar para protegernos de las sequías.
2. Las propuestas políticas: ¿Asegurar la luz o acelerar lo verde?
La crisis de energía ya es un tema central entre los líderes políticos y candidatos presidenciales, quienes proponen caminos muy diferentes:
Sectores de derecha y oposición: Insisten en que la prioridad es que «Colombia no se apague». Proponen dejar atrás los debates ideológicos, dar vía libre a la exploración de gas natural, seguir usando carbón y acelerar las obras retrasadas. Para ellos, no se debe descartar ninguna tecnología —incluida la nuclear— si sirve para bajar las tarifas y asegurar que siempre haya luz.
Sectores de izquierda y alternativos: El enfoque del Gobierno y sus aliados es acelerar la transición hacia el sol y el viento, además de apoyar la energía comunitaria. Sin embargo, ya abrieron la puerta a estudiar la opción nuclear con asesoría internacional. Para estos sectores, el átomo solo es una opción si el Estado tiene el control total y si se usa como un apoyo, nunca para reemplazar a las energías renovables.
3. El miedo a los temblores y a la seguridad
Aunque la energía nuclear es limpia porque no produce gases de efecto invernadero, los ambientalistas y muchos ciudadanos desconfían. Colombia es un país montañoso y con muchas zonas donde tiembla la tierra constantemente. La gran duda es si nuestras instituciones son lo suficientemente estrictas para vigilar una tecnología tan delicada. Además, en un país con problemas históricos de orden público, cuidar el material radiactivo y decidir dónde guardar los desechos peligrosos por miles de años es un dolor de cabeza.
4. ¿Una solución o un «elefante blanco» impagable?
El dinero es el otro gran freno. Construir proyectos nucleares cuesta miles de millones de dólares. Aunque los promotores de los reactores pequeños dicen que son más económicos, los críticos no están convencidos. Muchos analistas recuerdan los graves retrasos y sobrecostos que han tenido megaobras colombianas (como Hidroituango) y advierten que meterse en una tecnología desconocida podría terminar en un desperdicio de dinero. Argumentan que esos recursos se aprovecharían mejor instalando paneles solares o cuidando los ríos del país.
5. La urgencia médica: El uso nuclear que sí necesitamos ya
Mientras se discute si el átomo nos dará electricidad en el futuro, hay un campo donde la tecnología nuclear se necesita urgentemente hoy: la medicina. El Congreso avanza en una ley para crear la Agencia Nacional de Seguridad Nuclear. Actualmente, Colombia no fabrica los insumos radiactivos necesarios para tratar el cáncer y depende totalmente de comprarlos afuera. Con esta ley, el país busca producir sus propios medicamentos médicos y, de paso, crear las bases de control por si algún día decide dar el salto a la energía eléctrica.





